Monday, September 05, 2005

Acerca de por qué me quedé con la garganta atorada después de una discusión sobre la crítica cinematográfica en Chile.

Lo que voy a contar sucedió el año pasado, poco antes del fin de año. Todo empezó con una comida con compañeros de la asociación de cortometrajistas de Chile (ACORCH) en el Café de la Isla. Como sucede siempre en esas ocasiones, nadie quiere hablar de trabajo porque acabábamos de terminar otra interminable asamblea y lo que prima a esa hora es el hambre, la amistad y las ganas de relajarnos. Alguien entonces, creo que fui yo, preguntó quien había visto la película “Gente decente”. La primera en contestar fue nuestra entonces presidenta, quien, luego de pensar bien sus palabras, dijo algo así como: “Si, la vi, pero me cuesta hablar de esa película por que la crítica ha sido demasiado insidiosa con ella” y luego, llevando el tema hacia el lado gremial, añadió: “De hecho, uno de los temas que vamos a discutir en profundidad en la próxima reunión de plataforma (audiovisual) es el de la crítica en Chile”. Tras esta intervención todos estuvieron de acuerdo y la conversación giró rápidamente hacia el tema de la crítica Chilena, lo mala que es y lo vendida que está a las grandes distribuidoras de cine gringo. Recordé entonces, y debo confesar que amargamente, que estaba donde estaba y que soy un adulto que no puede ir por la vida diciendo todo lo que piensa. Por que lo primero que hubiera dicho es que la película me pareció un bodrio con todas sus letras y que la crítica no ha hecho más que ser justa con ella, independiente de que pueda ser benévola en otros casos en que no corresponda. Recordé, además, que estaba entre amigos del director, Edgardo Viereck, que es un acérrimo sindicalista del cine, además de -por lo que dicen- un gran amigo y persona. Que lata. Si algo hecho de menos – y debo confesar que es algo que sigo haciendo pero con mis amigos más cercanos- es dejarme llevar por el entusiasmo cinéfilo, ya sea para elevar una película que me gustó a la categoría de obra maestra, como para fustigar a quienes se hacen llamar cineastas y que sólo son monos con una cámara. Ese impulso meramente hedonista de alzar la voz frente a lo que más me apasiona, a tomarme lo que digo en serio, tan en serio, que a esta edad empieza a parecer infantil, es lo que una vez más tuve que contener. La discusión siguió un rato y yo intenté defender tímidamente mi punto de vista, mientras el interés se iba desinflando, hasta que por fin todos terminamos comiendo y cambiando de tema, En ese momento recordé una situación parecida pero bastante lejana en el tiempo.

Yo era un estudiante de 3° medio y carreteaba todas las tardes en la casa de mi amigo Víctor Castillo. El hermano de Víctor, Juan, estudiaba comunicación audiovisual en el que luego sería mi instituto, el Arcos. Estaba en 3°, así que él y sus amigos eran bastante mayores que nosotros. Nos juntábamos en una especie de ático que tenían los hermanos en su casa de Ñuñoa. Además, recuerdo que iba gente aún más vieja, un profesor de Juan y un par de profesores de nosotros. Fumábamos mucha marihuana, tomábamos chela y hablábamos de cine, música, literatura, pintura, pero sobre todo, cine. En uno de estos encuentros, a mi se me ocurrió decir que había visto una película de Leo Coking cuyo nombre ahora no recuerdo (en la que actúa Axel Jodorovski) y que me parecía la peor película que jamás había visto. Inmediatamente el profesor de cine me dijo algo así como: “¿Ah sí? Y tú debes haber visto mucho cine ¿verdad?”. Me quedé de una pieza y sin decir nada. Luego siguió, adoptando un poco el tono académico que debe seguir usando hoy con sus alumnos y dijo: “...Para opinar de manera tan categórica tienes que tener un conocimiento mas profundo del cine, y, sobre todo, de lo que significa hacer cine en este país”. Entiéndase que en las postrimerías de la dictadura este tipo de frases calaban hondo en nuestros corazones.
Asentimientos graves y reflexivos por doquier, miradas de reprobación hacia mi persona y una sensación de empequeñecimiento por mi parte, se sucedieron de forma implacable, como todo en la adolescencia. Sin embargo, pese a mi vergüenza y mi inseguridad, olfateé que algo andaba mal. Está bien, lo de decir "la peor película" puede sonar tonto o de mal gusto, pero eso de que cuesta hacer cine en este país ¿qué tiene que ver con la falta de guión, la siutiquería pretenciosa, la falta de todo asomo de interés y de cariño por el cine? Mas tarde entendería a André Bazín cuando dice que hacer una mala película es tan difícil como hacer una buena.

Hoy puedo decir que soy cineasta. Es lo que elegí hacer, aprendí desde abajo, nunca hice otra cosa y me da para vivir. Sé lo que probablemente aquel profesor nunca supo, lo que significa hacer cine en este país. Y no me parece que una película tenga que ser tratada con benevolencia por el sólo hecho de ser chilena.
Que hay una insuficiencia de crítica especializada es claro y que lo que ofrece la prensa escrita en muchos casos deja bastante que desear, también. Pero creer que hay ensañamiento o coima cada vez que una película chilena es mal criticada no sólo es un poco inconsecuente, sino también peligroso. ¿Qué significó que plataforma audiovisual iba a hablar de la vilipendiada película de Viereck –quien además formaba parte de dicha plataforma- para referirse al tema de la mala crítica en Chile?. Es bastante improbable que se logre algún tipo de regulación, pero, si tan sólo se consiguiera algún tipo de represalia ¿Qué consecuencias puede acarrear? Un cine que se vuelve hacia sí mismo para defenderse de la opinión pública, castigando y censurando a sus detractores y en definitiva justificando sus propios errores. Malo me parece, contraproducente.
El problema de la crítica es que no existe una sola publicación de cine, ni buena ni mala, en Chile. Incluso se puede decir que algunos críticos escriben mal, pero la crítica en prensa es caprichosa por naturaleza y no por opción. Así como cuando sale una mala película chilena la destruyen con algo parecido a la saña, sale una más o menos buena como “Machuca” y se vuelve el hito cinematográfico de la década. Entonces queda pensar que el cine chileno esta en una situación un poco anómala. Hay expectación en torno a él. Todos quieren que algo ocurra, algo importante, un “Amores perros” que nos permita enamorar al resto del mundo como ocurrió en México. Frente a esto una película mala más no es gran cosa a menos que sea muy mala. Entonces se transforma en noticia y los diarios pueden volver a hablar de cine chileno.
Que la crítica está vendida me parece que suena mucho a prejuicio. No estoy a favor de la crítica en general, pero tampoco me considero del “otro bando”. Leo crítica y encuentro que hay gente que sabe lo que hace y lo hace de forma honesta. Además, no me consta que se privilegie a las producciones gringas. Como he dicho, yo leo las críticas y veo como destruyen literalmente la reputación de películas que costaron cientos de millones de dólares. Si algo de cierto hubiera en la teoría de las coimas, seguramente estas películas serían intocables. No se, tampoco pongo las manos al fuego por nadie. Obviamente hay por ejemplo una Maria Inés Sáez, cuya única corrupción es ser boba y facha, y casos así debe haber muchos (como en todas partes), pero decir así de buenas a primeras que la crítica está vendida, sobre todo sin tener antecedentes claros es, en mi franca opinión, desconocimiento y prejuicio.
Ahora, volviendo a “Gente decente” de Edgardo Viereck, yo me hago la siguiente pregunta:
¿Que tanto aporta una película al cine chileno por el sólo hecho de aumentar el número de películas al año? La película de Viereck, si bien es cierto no está del todo vacía de contenido ya que trata de dar claves sobre una conducta social en el barrio alto santiaguino, es eminentemente una película de género. Y con “de género” no quiero decir “mala”. Pero cuando digo “eminentemente” me refiero a cine sin autoría, sin perfil. El director no propone nada, no posee una mirada particular. Sólo oficio y, lamentablemente, ni siquiera le alcanza. Luego el resultado es poco satisfactorio. Uno piensa que es lo que lleva a alguna gente a hacer cine. Y más aún, como realizador en un país donde tanto cuesta realizar, por que debemos defender a alguien que ocupa uno de los pocos puestos disponibles de cineasta que hay sólo porque sabe moverse y conseguir financiamiento y cuya única inquietud, se advierte, es llevar gente a las salas. El director en este caso jugó con las cartas del cine comercial, ¿No es un poco gusanillo que luego se queje desde la institucionalidad? Su película era un producto de consumo masivo, no resultó, y de pronto se convierte en un objeto relacionado con la cultura y el arte chileno. P.F.
Pero esto es ya agua pasada y mi intención última no es hacer una crítica ni sobre la película ni sobre el director, si no hablar sobre un síntoma: la auto-condescendencia. Ese “lo que cuesta hacer cine en este país” ya me aburrió. Si queremos hacer algo que realmente aporte al cine chileno, hagamos buenas cintas y punto. No digo descuidar el aspecto gremial, que es más necesario que nunca, pero que no se nos nuble la vista ni se nos pierda el norte. Cuando una película es mala que lata y peor si es de un amigo, pero no lo podemos negar ni ocultar, y ni siquiera me consta que sea bueno bajarle el perfil. Creo que hay que decirlo, discutirlo, analizarlo. Cuándo llega el momento de hablar de la calidad de las películas, ¡qué no se nos trabe la lengua, compañeros! Seamos auto-críticos. Eso es lo que debería haber dicho y no dije aquella noche en el Café de la Isla. No nos convirtamos en esos viejos burócratas que abundan en los ministerios del arte y que lo que mejor saben hacer es cuidarse mutuamente el propio culo cultural. Lo que necesitamos es rigor, no condescendencia. No tenemos un buen cine y esto, perdónenme, nada tiene que ver con la plata. Lo mismo cuesta hacer una peli buena que una mala (cito de nuevo a Bazín) Lo que falta es creatividad, valentía y, sobre todo, rigor artístico. No pomada para el dolor del fracaso. Esto va tanto para todos, cómo para mi mismo.

3 Comments:

Blogger sagrada::familia said...

Hola Polired
Gracias por el comentario. de acuerdo contigo 100%. No puede ser un "programa" el hacer una película con identidad. Yo creo que en el nuevo cine chileno de los 70´s eso se daba porque primero estaba la URGENCIA de hacer películas, luego todo lo demás. Por eso esas películas resisten el paso del tiempo. Nada peor que una película llena de estrategias. Yo creoq ue vienen mejores tiempos ahora. Ojalá. Leeré tu bolg ahora. Estoy muy metido con esa discución crítica.
Saludos

3:48 PM  
Blogger Nadiezhda said...

Ufff,qué bueno! lleno de pasión por lo que haces. Más allá de mi ipinión sobre lo bueno o malo del cine chileno, lo que me gusta de leerte esa pasión, es lo que nos mueve para estar donde estamos y hacer las cosas que más amamos.

12:36 PM  
Blogger pablo rosenzvaig said...

la crítica en este país en general no sé qué entiende por crítica. Para mí leer sobre cine no significa ni que me cuenten la película ni que la recomienden sino que logren instalarla en una lógica que tal vez para mí era desconocida...
de hecho me cuesta leer críticas antes de ver una película casi tanto como no sentarme en alguna de las últimas filas del cine...
la discución que planteas me recuerda varias discuciones que he tenido donde escuchas argumentos como: bueno, no será una de bergman pero me entretuve. es como creer realmente que el arte pueda ser una categoría del cine y no lo que dices y callas con una cámara en la mano. no vi la película que nombras pero ya el título siendo irónico o no, me da las sospechas de que ya se sabe lo que es decente antes de filmarlo.
Un tipo como Billy Wilder me ha hecho entender que siendo inteligente y haciendo buenos diálogos cada vez hay menos excusas para tener que explicar lo que hiciste fuera de hacerlo en lo que filmaste....por lo menos eso es lo que a mí me interesa...
saludos.

9:06 PM  

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